Mis adultos viajan mucho, así que hacemos simulaciones: pierden la maleta, el vuelo se retrasa, hay que reclamar… Cada alumno recibe una tarjeta con un problema y otro hace de empleado.
Regla de oro: el empleado nunca dice que sí a la primera. Tienen que negociar.
La semana pasada mis alumnos de 8.º tuvieron que «salir» del aula resolviendo cuatro pruebas en español: un candado de números (repaso de los números del 100 al 1000), un mensaje cifrado con el pretérito, un mapa con instrucciones y una canción con huecos.
Todo con papel, sobres y una caja de zapatos. Les dejé 40 minutos y lo consiguió solo un equipo. Lo piden cada viernes.
Para los pequeños: cada viernes cantamos una canción y cambiamos una palabra para crear una versión de la clase. Esta semana «La mar estaba serena» se convirtió en «El cole estaba contento». Repasamos vocales y se ríen muchísimo 🎶
Para los lusohablantes, la trampa son los falsos amigos. Hice un juego de cartas: en una cara la palabra en español y en la otra lo que parece significar en portugués. Gana quien descubre más trampas. Mis favoritas: exquisito, apellido y rato.
Mis alumnos de 4.º hicieron un podcast sobre su barrio. Semana 1: escuchar modelos y planificar. Semana 2: guiones y ensayo. Semana 3: grabar con el móvil y editar.
Lo mejor: corrigieron sus propios errores al escucharse. Ningún ejercicio de gramática lo había conseguido antes.
Una idea para la primera clase del trimestre: cada alumno escribe en un papel un objetivo concreto (no «hablar mejor», sino «pedir en un restaurante sin mirar el móvil»). Los guardamos en un sobre y lo abrimos en junio. La emoción de ese día no tiene precio.





